Empatía y compasión

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¿Y dónde quedan la empatía y la compasión? Pues en una capa muy superficial encontramos la empatía, muy sobrevalorada, puesto que la empatía, sí sólo es para reforzar el sufrimiento de uno diciéndole que es normal su sufrimiento, entonces preferiría no ser empática.

La empatía debe servir para darte una mayor comprensión y poder ver con mayor claridad la necesidad de liberarse de esa situación o creencia de sufrimiento por derecho (un derecho al que uno se aferra y al que una empatía mal entendida puede reforzar).

Por tanto, la empatía existe para morir en una fase temprana y superficial.

«Sí, te comprendo, yo también he sentido ese dolor, incluso quizás mucho más intensos», pero vamos más profundo, aléjate de este punto, hacia otro en el que puedas cuestionarte la utilidad de tu sufrimiento, en el que puedas observarte y liberarte.

La empatía refuerza, no libera.

Pero la empatía te ayuda a poder abarcar la ternura necesaria para saltar al siguiente nivel: la compasión.

Y la compasión es aquella emoción que comprende con pasión, con fuerza y determinación, cualquier dolor, sufrimiento y pena. Pero es una comprensión sin juicio, pura, inmaculada.

No es comparación. No contiene interpretación.

Por ello la compasión, a un nivel más profundo que la empatía, conecta mucho más con cualquier sufrimiento o error ajeno. Error no sería la palabra, más bien sería la falta de conciencia ajena.

Pero la compasión también es un trampolín. Un trampolín al amor incondicional, al abrazo omniabarcante de todo lo que es.

Si para llegar al amor incondicional, al presente vívido y vibrante de la vida, hay que pasar por la empatía y la compasión, está bien.

Pero no adulteremos en nombre de la empatía y la compasión el poder de la aceptación, de la rendición a lo que es y al poder de la visión lúcida y conectada con la vida. Y su sacralidad omnipresente.

«Levántate y anda». A pesar del dolor, no le des la espalda a la luz.

No existe sufrimiento en este mundo capaz de apagar la luz de la vida. Sólo son eclipses en lo que dejar de creer.

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