Maestros

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Hoy me pongo a escribir sin saber sobre qué. No sé qué va a salir en la próxima frase, así que dejo fluir las palabras.

¿Pueden haber palabras más ciertas y reales que estas?

Y aquí estoy, toda, dentro del proceso en el que me sumí, dejando atrás todas mis lecturas y cualquier referencia a mis maestros.

Realmente cada uno de ellos ha ocupado un lugar en mi corazón. Si bien es cierto que me quedo con la simplicidad de Eckhart y su naturalidad que rebosa ternura, y de la cual brota un humor sabio y amoroso. Sus palabras siempre suenan tan verdaderas y honestas, que me hacían sonreír tan profundo que sabía que no necesitaba escuchar nada más.

Y ahora, que ya hace días que ni le leo ni le escucho, sigue conmigo, quizás incluso más presente.

Y los demás, todos ellos me han regalado algo, y tan cierto es que el maestro llega cuando el alumno está preparado, que no hay alumno sin maestro, ni tampoco hay maestro sin alumno.

Singer, me llevó a entender que ni soy la mente, ni mi cuerpo, pero tampoco el corazón. Son verdad, pero no la Verdad. Y de él tuve claro que no hay que reprimir, pero tampoco ir esparciendo y contaminando el mundo con nuestras emociones reaccionarias fruto de momentos de inconciencia. Reforzó la importancia de la aceptación y dejar fluir pensamientos y emociones, sin apegarse a ellos ni reprimirlos. Y con él tuve claro que debía dejar ya de escuchar a otros, para empezar a escucharme a mí.

Maharaj me enseñó que sólo una cosa tiene importancia: preguntarse ¿quién soy? y remontarte al primer momento que recuerdas e intentar avanzar más atrás ¿quién eras entonces?

Ramana me enseñó que la vida es como un sueño, solo que es más largo. Y que cuantos menos pensamientos, más cerca estamos de nuestro ser verdadero.

Katie Byron, me mostró con gracia que ningún pensamiento puede ser considerado absolutamente cierto. Así que, ¿para qué hacerle caso?

Sadhguru me enseñó que aprender a ser transparente para mimetizarte en cualquier situación es la clave. Que soy responsable, ,porque tengo la habilidad para responder ante cualquier situación. Me enseñó a respirar, a meditar, a hacer yoga.

Los 4 acuerdos toltecas, con Don Miguel, me enseñaron que las palabras son poderosas y que hay que tener mucho cuidado con lo que decimos. Que no hay que tomarse nada personal, que hay que hacer lo máximo que uno pueda hacer en cada momento y que no hay que interpretar.

De Luís de Santiago aprendí que hacer atma vichara es una práctica de las más elevadas, pudiéndote sentir a gusto en silencio.

De Robert Adams aprendí que la humildad es algo esencial, el ayudar a los demás siempre nuestra misión y que ser honestos con nosotros mismos es lo más importante para poder evolucionar.

De Hermes Trismegisto aprendí el funcionamiento del mundo, sus leyes. La correspondencia, lo cual me dice que si entiendo cómo funciono yo, si me entiendo a mí, entenderé a todo el universo, ya que todo se corresponde, todo es igual y lo mismo.

Que todo vibra en diferente intensidad, y cuanto más alta, más cercana del ser Verdadero.

Que todo tiene su opuesto y todo se mueve con una fuerza igual en sentido opuesto. Esto explica muy bien el funcionamiento del karma, que significa acción.

Que toda acción tiene su reacción, todo viene de una causa que produce un efecto (lo cual también tiene mucho que ver con el kharma).

Que todo tiene un género, que unido a su opuesto, engendra un nuevo ser.

Que todo es mente.

Y así, entendiendo esto, entiendes el funcionamiento del mundo, y la necesidad de transcenderlo para encontrar lo inmortal, lo eterno, lo no sujeto a dichas leyes.

Krishnamurti me enseñó la importancia de darse cuenta, lo que significa ser capaz de observarse objetivamente, de desapegarse de la mente para trascenderla.

La Bhagavad Gitta me enseñó que no es mejor la alegría a la pena. Que liberarse de todo deseo es camino de paz, y que hacer todo sin esperar nada, es una actitud savia. La acción correcta no tiene etiquetas ni juicios y nace del ser.

Un curso de milagros me enseñó que nada de este mundo es real y que la dualidad es solo una ilusión. «Nothing real can be threatened, nothing unreal exists», o que «I am never upset because of the reason I think».

Anita Moorjani me enseñó que no hay nada que temer y siempre hay que confiar, pues nada ocurre porque sí. Que hay un más allá donde nos liberamos del cuerpo pero seguimos existiendo. Que el amor perdura y es eterno. Que todo siempre está bien y que lo más importante es ser fiel a uno mismo y amar sin límites (y uno mismo no es a tu identidad ni personalidad creada). Que estar en el centro, en quietud, es lo más importante.

Y tanto más que me han traído hasta aquí. Todos ellos necesarios en su momento.

Como Etty, que me enseña que desde nuestra humanidad podemos alcanzar la paz pese a cualquier circunstancia. Y sólo abrazando nuestra parte humana podemos conseguirlo.

Siendo sinceras con nuestra parte más mundana, mirándola de frente.

Y así estoy yo. Mirando de frente mi parte humana.

Amándola.

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