Te siento en mí, ahora mismo.
Tu calor, en mi cara, esa compañía, siempre dispuesta, sin cargas.
A veces te pierdo. El calor ya no está. Pero sé que volverás, y a veces, sin darme cuenta, allí estás, impasible, inmutable, entregado; de nuevo.
Y de repente, vuelvo a sentirte, te veo, te sonrío, te agradezo.
Y vuelves a no estar, pero en realidad estás. Siempre estás.
Siempre estás.
Deja un comentario