Espacio

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Pues es cierto que es complejo saber si algo que crees que es un error en tu vida, no es en realidad lo mejor que te podía ocurrir.

Y al revés, lo que crees que es lo mejor, no lo es.

¿Así que para qué calificar nada? Si realmente no tengo ni idea.

Y aunque la mayoría diga algo o opine algo, tampoco es prueba de nada. Se han asesinado miles de personas bajo creencias comunes.

Así que realmente, todo lo que ocurre en la vida es neutro, ni bueno, ni malo, simplemente es.

Si algo empiezo a entender es que abandonar cualquier opinión sería algo indispensable para poder ser de Verdad. Y para poder percibir de Verdad, sin interferencias, sin nubes.

Nuestra personalidad, mi personalidad, forjada por miles de experiencias y creencias tiende a sentir, pensar y actuar de ciertas maneras.

Y esas maneras son las que son, y no han podido ser diferentes.

¿Por qué castigarme y fustigarme y maltratarme por supuestos errores? No creo que haya errores. Creo que el único error es no aceptar con amor el momento presente.

Y si el momento presente trae una mujer triste, melancólica, severa… pues se es, se llora, se lamenta, y se deja ser. Todo necesita su espacio.

Y lo que ocupa el espacio, nunca puede ser más importante que el espacio mismo.

Ahora he caído en una cosa: en la materia, el todo sin las partes no puede ser.

En el espacio, el todo es con o sin las partes.

Así que el mundo sólo puede ser como es, todas sus partes tienen su lugar, su sentido de ser, y cuando una parte se rompe, se funde en otra y el espacio es sustituido. Nada desaparece, solo se transforma.

Pero en el no-mundo, el espacio permanece intacto, nada se transforma, nada aparece y desaparece. Está en el mundo y lo sostiene, pero el mundo no lo sostiene a él.

Así que el mundo tiene sus propias leyes, qué importa lo que ocurra en él, si pase lo que pase, el espacio sigue siempre igual.

Pero algo sí tengo muy claro. Mi naturaleza más primaria y anciana es hacer el bien, ser una persona buena, una persona amable, sincera y que abre su corazón a todo el mundo, que ama a todos por igual, que entrega sabiamente, que tolera, que respeta y abraza lo que el mundo es.

Más allá de lo que haga o deshaga, de lo que gane o pierda, de lo que tenga o no tenga… yo, en mi esencia más pura, debo ser auténtica, compasiva, natural, entregada, bondadosa.

He de seguir el camino correcto. ¿Y qué es hacer el bien y seguir el camino correcto? El del amor y la paz, el que nace de la presencia total y absoluta. Y eso se sabe.

Se sabe porque estás tranquila, en paz. Porque no hay lucha en ti.

Y es que toda lucha nace de nuestro interior. Todo acaba siendo un reflejo. «Como es arriba, es abajo». Podemos entenderlo absolutamente todo, entendiendo sólo lo que ocurre dentro de nosotros.

Y yo sé que debo seguir en este camino. Escribir me sirve para aclarar, y despejar lo que es real de lo que no lo es.

Los momentos vienen y van, las situaciones cambian, las emociones me zarandean como las olas a un despojo, los pensamientos me volverían loca y me desahuciarían de mí misma si les acompañara.

Y eso es todo lo de ahí fuera, que ocurre dentro de mí. Todo ocurre dentro de mí. Absolutamente TODO.

¿Para qué mirar tanto fuera y perderse en eso tan neutro y cambiante a la vez? Realmente la soledad es a quien debo observar más. Esta soledad que siempre, absolutamente siempre, me acompaña.

Porque sólo estoy yo. Y yo estoy sola. En los momentos felices y alegres. En los momentos más duros y terribles. Siempre sola.

¿Por qué será que tememos tanto a la soledad? ¡Si siempre está y nunca desaparece! Si siempre está, quizás estaría bien que le prestara más atención a ella, y dejara el mundo funcionar, tranquilo, a su ritmo, con sus cosas y vaivenes.

Todavía he de aprender a no esperar nada de él. A aceptarlo. A confiar, pero no ese confiar condicionado a que todo saldrá bien… No. A confiar en que lo que es, siempre es perfecto porque no podía ser de otra manera. A responder desde la paz, la soledad, el amor, la fe.

¡Y ojo! No confundamos la fe con una creencia. Esto no va de creer, no he de creer nada, sino que he de dejar de luchar contra lo que es en cada momento presente. No hay más fórmula que esta. Ni más técnicas. Ni más terapias.

Un día, AHORA, moriré. Esta Mai, mujer, con sus recuerdos, sus sueños, se esfumará, en un abrir y cerrar de ojos. Ya no estaré, ni sufriré, ni gozaré, ni recordaré, ni anhelaré, ni haré. Mai, ya no seré.

¿Qué seré? Esto ya no. Esto que soy, es como un paréntesis de manifestación en este mundo, así, con esta forma y sus historias. Historias sin absolutamente ninguna importancia, ni más importancia que nadie, ni menos que las grandes figuras de la humanidad.

Todo tiene su papel aquí. Pero al final, es un papel mojado. Para el mundo no, claro. Para el mundo hay cosas que importan. Hay separaciones, grados, niveles… pero en realidad nada puede subsistir sin el resto, nada. Es un equilibrio perfecto.

Pero un día, AHORA, dejas de tener esta forma. Desapareces. Te disuelves.

¿Pero y el espacio? El espacio que ocupabas ¿Dónde está? Ese espacio no ha podido ir a ninguna parte. Sigue existiendo, y también soy eso.

Ese es el espacio solitario que debo no negar, donde he de mantenerme y habitar, y observar el mundo desde él. En ese espacio, ¿qué me puede ocurrir? Nada. Ni bueno, ni malo. ¿Y qué hay en él? Eso es lo que debo recordar, donde debo llegar.

Que el mundo siga su curso, yo lo honraré y lo amaré, pero no creo que deba preocuparme demasiado por él. ¿Qué puede una mujer de entre millones de seres ofrecer al mundo? Nada. Lo máximo que puedo hacer es respetarlo y honrarlo. Observarlo y amarlo, porque es un auténtico milagro.

Pero no he de hacer nada. Simplemente ser uno con él, como son las olas al océano, como son las llamas al fuego.

Mi cuerpo hace lo que tiene que hacer.

Mi mente piensa lo que quiere.

MI corazón se emociona cuando siente.

Nací sin decidirlo.

Moriré cuando me toque.

¿Qué pretendo hacer yo en este mundo?

Agradecer estar en él por un tiempo, experimentando todos los colores. Esto es un milagro, que no sé si algún día lograré entender.

Quiero dejar de querer.

Eso es lo que mi alma necesita.

Y sé que sólo puedo encontrarlo dentro de mí. En mi soledad. En mi espacio.

Que no es mío.

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