Hoy sigo sintiendo la necesidad de bucear dentro de mí misma.
Sabiendo que esto lo escribo sólo para mis adentros, habiéndome liberado de cualquier pretensión de dar lección alguna a nadie. ¡Cuán prepotente sería! Siquiera pensar que un mensaje mío pueda llegar y ayudar a alguien. Cuando los mensajes dejen de ser míos, quizás y sólo quizás, puedan tener alguna misión, que en ningún caso dependerá de mí.
Y no es quitarme la responsabilidad, porque yo sólo tengo una responsabilidad, que es rendirme totalmente al momento presente, y a partir de allí sé que las reacciones transmutarán a respuestas agudas y certeras.
El caso es que, sigo sintiendo que debo trabajarme más y esforzarme más.
En momentos como estos en que mi energía baja, preocupaciones molestan la mente y mi cuerpo siente una contracción, he de dar más espacio, darme más espacio, mirar más hacia dentro, estar mucho más presente, hasta encontrar mi centro y permanecer allí, con más atención. Con más intensidad todavía.
He de ser honesta conmigo misma, el rendirme es aceptar lo que trae la vida, y ser amorosa con el momento presente. No con lo que ocurre en el presente, sino con el presente mismo, inmutable, informe, atemporal.
Tampoco convencerme de que confío en la vida, si realmente tengo una opinión sobre lo que debe traerme la vida. Es erróneo pensar o creer que «todo sale bien», interpretándolo como que la vida al final te traerá cosas buenas.
¡No! La vida te traerá lo que deba traerte, pero la vida no siempre trae consigo cosas buenas, al nivel que estamos acostumbrados a interpretar y expresar las cosas.
A un nivel, el plano de las formas, del mundo exterior, el que vemos, olemos, oímos, degustamos y sentimos, puede ser que lleguen desgracias. El ciclo de los cambios, de polaridades, ritmos, vibraciones y causa y efecto… en este mundo afecta a todos por igual.
Pero a otro nivel, que es donde yo he de llegar a través (¡sobretodo!) de estos momentos bajos, sé que no hay ningún concepto, ni etiqueta, ni ley, ni cambio.
Un lugar desde donde todo este juego de las formas se puede observar, siendo testigo desapegado, siendo un mero personaje que actúa en este mundo como un punto de vista más, que forma parte de un todo.
Y este todo no tiene ni emociones, ni sentimientos, ni pensamientos, ni objetivo.
Digo yo…
¿Qué sentido tiene el mundo? ¿Qué sentido tiene el universo?
Dicen que todo tiene un sentido, una razón, un motivo…
Es algo que en mí sería ahora mismo una creencia más.
Porque no lo sé. No sé nada sobre más allá del presente. No tengo visión cósmica. Y si la tuviese, ¿qué? Realmente no debería suponer una diferencia.
¿De qué sirve saber más? ¿O vivir más experiencias? A un nivel práctico es obvio que puede servir, pero a nivel espiritual, siento que lo único que importa es saber ir desprendiéndote de todo, incluso de querer entender nada.
Hay momentos en los que si pienso que todo ocurre por algún motivo, se me enciende una alarma y mi cuerpo se endurece. Y si pienso en que debo confiar en que todo ocurre por algún motivo, porque debo aprender algo y que todo es por un bien final, entonces me invade una paz agradable.
Pero hay un punto en el que me pregunto qué sentido tendría cualquier destino o finalidad en sí misma.
A veces sé que me acompañan otras almas que me han querido y a quienes he querido, ángeles o seres superiores.
Seguramente esté en lo cierto y tengan su existencia, y seguro que es cierto que me acompañan.
Pero a la vez siento que son parte de este mundo manifestado pero con diferentes cualidades y que habitan diferentes planos.
De hecho creo que incluso hay ángeles que bajan a nuestro plano con algún objetivo.
Entonces, ¿hay objetivo y vidas con misión? ¿Pero para qué?
Todo se gobierna por la ley de causa y efecto, así que todo es inevitable y todo ocurre cuando y como debe suceder, ya que las infinitas acciones que siguieron a la primera, son las causantes del momento actual.
Es todo muy confuso y me debato entre la idea de que todo tenga un sentido y la idea de que nada lo tenga.
Y posiblemente las dos sean ciertas.
En el mundo físico todo tiene un sentido.
En el espiritual, nada lo tiene, porque no es necesario, no aporta ninguna diferencia…
Todo es, como es.
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