Creo que una de las emociones que más me cuesta digerir y dejarme traspasar es la culpabilidad. El permitirme no juzgarme. ¿Cómo voy a poder ser neutra con la vida, sino lo puedo ser conmigo?
Por eso siempre vuelvo a lo mismo. Esto también pasará, pero debo seguir trabajando en mí.
Y no me gusta reconocerlo, el hecho de que me queda camino y trabajo interior por realizar.
Y no me gusta que no me guste.
¿Así que quizás empiezo por aquí, no? Por lo que más me cuesta. Aceptar que todavía el corazón se me encoje y el estómago se petrifica. Aceptar que mi mente me lanza pensamientos de culpa y preocupación por un futuro que no existe y un pasado que tampoco.
Aceptar que mi cuerpo se estremece y lo sufre. Aceptar que no encuentro mi paz en momentos así.
Empecemos por aquí. Por abrazar enteramente mi humanidad. Esta es una experiencia más, y debo aprender a…
No hacer nada.
Estar tranquila.
Observar sin miedo lo que pienso, lo que siento, lo que percibo.
Dejarlo ser y traspasarme.
No identificarme con ello.
Recordar que esto también pasará.
Más que nunca, estar presente.
Más que nunca, entregarlo todo al vacío.
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