Día perfecto

1–2 minutos

leer

Hoy ha sido un día perfecto.

¿Qué día no es así? Me pregunto. Y si soy honesta, sólo encontraré excusas y motivos infantiles para pensar que tal día no lo es. Porque que un día sea perfecto no debería significar que es exactamente como yo quiero que sea. De hecho, ¿Por qué debería desear o esperar que fuera de una determinada manera? ¡Qué carcel! Yo sería mi propia carcelera, mi propia verduga.

¿No es más fácil dejar que cada momento se suceda libremente? De hecho, no hay otra forma. Porque tendemos a pensar que si yo hago esta cosa o esta otra, mi día será más o menos perfecto. ¿Cuántas condiciones le imponemos a la vida?

Si los sucesos son resultados de mil acciones anteriores ¿cómo puedo pensar que yo tengo algo que ver? Sólo sé que yo he de hacer todo lo que tengo que hacer, lo mejor posible, con todo mi ser.

En cada momento, estar totalmente implicada, totalmente volcada, totalmente presente.

Des del momento en el que limpio un plato, el momento en que un hijo me da un abrazo o la persona que me atiende en un supermercado me mira a los ojos.

Eso es lo que he de hacer, lo único y todo.

Lo demás, sucede. Nos sucede. Y es perfecto tal como es. Las interpretaciones y valoraciones son personales, no verdades. Y que sea perfecto no significa que sea bueno o bonito. Igual que la libertad no es la libertad de acción u omisión. Es la libertad de interpretación, libertad interior.

Libertad para enfocar nuestra luz, nuestra conciencia allá donde queramos. Y yo quiero enfocarla dentro de mí.

Sí. Hoy ha sido un día perfecto.

Como todos.

Deja un comentario