Ley de la atracción

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Es cierto que todo tiene su razón de ser y su espacio en este mundo. Está bien el rico que sabe apreciar sus riquezas y sabe desprenderse de ellas. De ahí nace la más poderosa de todas las generosidades.

Está bien el pobre que valora lo poco que tiene y sabe desprenderse de ello, sin anhelar nada más. De ahí nace la más bella de todas las generosidades.

Está bien también el pobre que en su sufrimiento, lo acaba trascendiendo. Y gracias a su sufrimiento logra desprenderse de toda necesidad y el velo que cubre la plenitud sin complementos, cae a sus pies.

Está bien el rico que, apegado a sus posesiones, sufre por mantenerlas. Porque el mismo sufrimiento un día le llevará a liberarse de él. Y la pérdida se convierte en ganancia, y el sufrimiento en liberación.

Por tanto, está bien el rico, rico. El pobre, rico. El pobre, pobre y el rico, pobre. Porque todos forman parte de lo mismo y todos poseen la misma riqueza. Lo único que les diferencia es que unos lo ven y otro todavía no.

Así pues, la riqueza y la pobreza no pertenecen a los objetos y posesiones. La riqueza y pobreza sólo pertenecen al sueño y la ilusión de la mente, al mundo dual que proclama sin equivocarse que sin pobreza no hay riqueza.

Pero hay una Riqueza más allá de la dualidad, más allá de cualquier dependencia o condición, es una riqueza por derecho, por la única razón de Ser y existir.

Y quizás el paso por la dualidad del ganar y perder, del desear y temer, del sufrimiento que subyace a esa relación, es precisamente el puente que nos une con la unidad y el que finalmente nos lleva a entender que dentro de nosotros lo tenemos todo.

Y ese entender, finalmente, es el que hace posible toda generosidad sincera, todo disfrute sin límites, todo gozo real. Cualquier ganancia un sueño. Y toda pérdida sin sufrimiento.

En este punto también me interpelan los pensamientos de aquellos que predican la ley de la atracción. ¿No es sino esta una ley más del universo, del mundo de las formas? Y si es así ¿también tiene su lugar aquí, entre los personajes que cada uno crea sobre si mismo y sus historias? Nada malo hay en ella. Ni bueno. Pero hay que advertir que esta misma ley forma parte del resto de leyes y así, cuanto más se gana, más se pierde.

Tiene su lugar, pero si uno quiere liberarse y vivir la vida libre de cualquier sufrimiento, bien haría si se ocupara más de trascenderla que de dominarla.

Pues la vida es, pura y perfecta. Y la alquimia no consiste en obtener todo lo que uno quiere, sino en amar todo lo que uno tiene y ser uno con la vida.

Entonces todo se transforma y la vida opera por sí misma, atrayendo todo lo que uno necesita en cada momento.

No sé si estaré errada, pero cuando alguien me habla del «Secreto», de la ley de la atracción, la dualidad que habita en mí se hace más fuerte. Y sé que hace a muchas personas felices por unos instantes, aunque sean pasajeros. Y sólo por ello sé que he de reconocer su valor y su lugar en este mundo.

Pero siento que no es mi lugar, puesto que allí habitan juicios y expectativas. Y se tiñe de pasado y de futuro.

Y siento que mi lugar está donde se abandona cualquier petición y sueño, donde ya no llega ningún pensamiento de culpa por no haber sabido escoger los pensamientos correctos, donde ya no alcanza ninguna necesidad de limpiar creencias o fantasmas del subconsciente.

Mi lugar está allí, donde no he de pensar en nada, ni hacer nada. Y sin embargo, de donde surge toda la abundancia que nadie pudiera imaginar, y donde la alquimia verdadera se sucede sin mi intervención.

Cuando habito en ese lugar, todo es perfecto tal como es. Y celebro toda la abundancia de la Vida, y ya no necesito atraer nada en particular, porque cada instante es infinitamente más sabio que mi pequeño yo.

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