Una vez me dijeron que estaba en el momento para hacer mi trabajo interior, y a la vez comunicar.
Estoy tan feliz por haber tomado esta decisión… (¿realmente la he tomado yo o la vida me ha llevado a este punto?) Me lleve donde me lleve, el camino es precioso. Con sus ruedos, sus valles y montañas, sus amenazas, sus tentaciones, sus obstáculos, sus atajos, sus callejones sin salida y sus paisajes infinitos y embriagadores de luz, al salir de los parajes más sombríos del alma.
Es el camino, el único camino, el único que realmente lleva a algún lugar.
Lo curioso es que todos, sin excepción, estamos en el mismo camino. Todos. Y todos llegaremos al mismo lugar, que es el mismo lugar de donde venimos todos.
¿Un viaje de ida y vuelta? Parece que sí. Y parece que ya conocemos la meta, porque partimos de ella.
Una vuelta a casa, pero con más amor, más sabiduría, más paz, más reconocimiento, más riqueza de la verdadera, la que no puede verse ni tocarse.
Seguramente la casa, con esta vuelta, este regreso, se va ensalzando y enriqueciendo. Se va expandiendo, se va convirtiendo en un lugar cada vez mejor.
Así que estar en este camino es toda una bendición. Cada obstáculo está por algún motivo, no hay obstáculo en vano.
Y es que la Vida es el maestro, el Gran Maestro, la que da y la que quita, la que guía el camino.
No es la mente. Tampoco el corazón. Sólo es la Vida, la que damos por hecho, la que obviamos, la que malgastamos, aunque realmente ella está más allá, y no podemos obviarla, ni malgastarla. Ella siempre es, toda, permanente, inmutable.
Y está cada vez más claro en mi ser, que yo no soy ni mente, ni corazón. Sólo vida. A veces más clara, mínimamente afectada por ellos. Otras, la mácula se hace evidente, y cuesta llegar a ella. Pero siempre está, a mi lado, y cada vez la siento más amorosa y cercana. De hecho, no está a mi lado, de hecho, soy Yo.
La vida es una… la experiencia de vida, muchas.
Sé que tengo absolutamente todas las herramientas que necesito para regresar o llegar a mi Ser (es lo mismo decir llegar o regresar).
Sé que tengo absolutamente todas las herramientas para Vivir. Y sé que cualquier persona las tiene también.
Y ahora estoy tan llena de Vida, que puedo aceptar y rendirme a cualquier situación y ver cualquier situación como un regalo que se me ofrece para continuar profundizando.
Y es que cuanto más profundo voy, más paz encuentro.
¿Pero qué es esto de ir más profundo? Siempre me he preguntado, pero seguramente no tenga la respuesta todavía.
En estos momentos, ir más profundo, para mí, significa lo mismo que elevarme, que cambiar la dirección de mi mirada, en lugar de mirar hacia «fuera», mirar hacia lo que ve «a quien está viendo», es un giro de 180 grados.
Pero es cierto que mis palabras se sienten más cómodas con la profundidad que con la elevación, porque una elevación puede interpretarse como cierta superioridad.
Y es todo lo contrario. Cuanto más profundo o elevado va uno mismo, al hacer este giro de 180 grados, más puede entregarse de igual a igual con el mundo, más cercano ser, más implicado, más compasivo, más humilde y más amoroso.
¿Y eso por qué? Porque puedes entregarlo todo sin perderte a ti mismo en ello.
¿Y eso no es egoísta? Nadie dijo que para dejarlo todo, uno mismo debiera dejar de existir. Si dejas de existir, ¿Qué puedes dar?
Y profundizar, para mí, significa alejarse cada vez más del mundo, y estar más cerca a la vez. Porque estar más lejos simplemente significa observarlo desde la barrera, como si no tuviera nada que ver conmigo. Y realmente así es, no tiene nada que ver conmigo. Pero por eso mismo lo puedo vivir y experimentar con mayor entrega y amor.
Así que ir más profundo es esto. Cada vez alejarme más. Y como las palabras pertenecen al mundo, se contradicen y pueden confundir.
Alejarme más y más, desidentificarme más y más, desprenderme más y más, desapegarme más y más, soltar más y más.
Y cuanto más suelto y más me desprendo, sigo siendo Yo, pero con más intensidad y pureza.
No soy más yo cuanto más me identifico con alguna particularidad de este mundo.
Soy más yo cuanto más me libero de cualquier adjetivo. Y a la vez puedo contenerlos todos.
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