De la estabilidad

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Reconozco y confieso que durante años he estado buscando una estabilidad que es una quimera.

Estabilidad que se tradujera en todos los ámbitos de mi vida, mi trabajo, estudios, pareja, familia, economía, salud… todo.

Estabilidad que pudiera controlar yo misma.

Por suerte, la vida me ha ido mostrando la realidad de este mundo cambiante, en permanente movimiento.

Nada es estable, no por mucho tiempo. Siempre llega el momento en el que llega un cambio, una disolución, una muerte.

Nada perdura.

Entonces, ¿para qué preocuparme de una estabilidad que no existe? ¿Por qué no centrarme en cada momento sea como fuere?

A causa de esa búsqueda inútil se pierden muchas energías por el camino, energías que hubieran sido mucho mejor invertidas si las hubiera dirigido a abrazar y aceptar la naturaleza cambiante del mundo.

Y precisamente esa misma aceptación me hubiera llevado a ser más consciente de lo efímero de todo. Y precisamente el carácter cambiante del mundo y sus caras, me hubiera llevado a valorar y apreciar más cada momento y cada decisión.

¡Cuán absurdo sacrificar nada en busca de una estabilidad que no existe!

Y qué paradójico que gracias a la inestabilidad, todo es mucho más valioso.

Y que gracias a la inestabilidad, lo más seguro es evidente.

Y lo más seguro es el fin de todas las cosas (excepto una).

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