Abril 2024
Cuando escribo me siento libre y pura. Y se hace evidente una soledad hermosa. Supongo que cuando a la soledad le sigue la palabra hermosa, la soledad que entendemos como seres humanos, se esfuma.
Es como cuando uno acepta totalmente que es infeliz. Entonces la infelicidad se esfuma, no puede sobrevivir.
¿Cómo va a sobrevivir la infelicidad al reconocimiento y aceptación de la misma? Cuando la acepto y la abrazo, deja de hacerme infeliz.
¿No pasará lo mismo con la soledad? La soledad es una constante en nosotros, en mí. Siempre estoy sola. Hasta en los momentos más íntimos de fusión con otro cuerpo. Por eso siento y es mi realidad que es más íntimo compartir mis textos que hacer el amor.
Porque si alguien me lee, llegaría a mí, desnuda, totalmente despojada de cualquier mácula. Totalmente entregada y abierta a recibir.
Y el canal que se abre a través de la entrega de todo es mucho más grande que el que se abre a través de lo físico.
Y con entrega de todo me refiero a todo lo que soy y lo que no soy. A mi transparencia.
Así, en mi soledad, soy tan verdadera, tan real, que puedo realmente estar acompañada.
¿Si no toco la soledad más profunda, pudiera siquiera saborear la compañía de alguien?
Pero bien, esto son ilusiones de la dualidad. Es cierto que estamos solos siempre, en todo momento. E igual de cierto es que nunca lo estamos.
Suelta ya toda la idea que tengas de soledad. Suelta ya todo el miedo o duda. Acompáñate, obsérvate, siéntete e indaga.
¿Quién se siente sola?
¿Quién se siente acompañada?
¿Estás sola o acompañada? ¿Quién?
¿QUIÉN?
Yo.
¿Y quién soy yo?
Quédate ahí. En la quietud más absoluta.
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