6/05/2024
Siendo honesta, todavía me aferro al «Yo soy» y a mi ego, porque temo la nada. No logro entenderla y todavía quiero entenderla.
Después y antes del primer sentimiento y pensamiento de ser, ¿qué hay? Y como no recuerdo nada, mi respuesta es Nada.
Pero esa respuesta no la entiendo, no le gusta a mi mente, porque mi mente sólo entiende de existencia, no de no-existencia. Aunque creo que la no-existencia simplemente es un opuesto de existir, necesario para la propia existencia, pero tampoco es eso.
Porque eso entonces también formaría parte de este mundo y su dualidad.
Creo que la Verdad debe estar más allá del ser y del no-ser. ¿Pero qué puedo hacer yo?
Cada vez tengo más claro que lo único que puedo hacer es estar todo lo Presente que pueda, perseverar, intentar una y otra vez anclarme allí.
En mi «Ahora», en mi primer aliento de «soy». Y observar con total amor y compasión la obra de mi mundo, ni siquiera mío, el mundo que se va sucediendo y desplegando ante mi conciencia.
El universo, los pensamientos, las emociones. Cuerpo, mente, corazón.
Observarlas con amor desapegado y verdadero, porque si los veo y soy consciente de ellos, yo los contengo, pero eso es lo único que tienen que ver conmigo.
Como una madre. Que crea y observa, pero en realidad no puede hacer mucho más en el mundo de sus hijos.
Así que he de darme y entregarme, como una madre.
Observar y dejar ser, como una madre.
Aceptar lo que es y desidentificarme de toda idea y emoción, puesto que no soy yo, ni mías.
¿Cómo puede ser verdadero algo que cambia? ¿Cómo puede ser verdadero algo que depende de otra cosa?
Yo sólo debo permanecer en la quietud de mi ser desnudo, primario, sin complementos. Libre de deseos.
En el momento presente, atemporal y siempre perfecto.
Y desde allí, observar con gratitud todo lo que ocurre y todo lo que se hace a través de este cuerpo.
Porque se hace, no lo hago.
Yo no pedí nacer y no hago nada.
Esta es la muerte del yo.
Cuando esté preparado para morir, moriré. El fruto maduro caerá del árbol.
Sin que yo pueda hacer nada por ello. Sólo una cosa puedo creer que hago: Permanecer Presente. En el Ahora. En el Yo soy. Y a partir de aquí, la vida se ocupará de ella misma.
Nunca seré yo. (Y estar en el Ahora, es ese lugar sin pensamientos, sin tiempo, sin nada, en la nada).
Atrévete a permanecer en la Nada, María.
Atrévete a atravesar lo desconocido y permanecer en él, sin esperar nada de él.
Conócete en lo desconocido.
Lo conocido, conocido ya es.
Y aquí no hallarás nada.
Pero deja de querer encontrar, y deja que lo que sea que eres en realidad, te encuentre a ti.
Deja un comentario