Ayuno

1–2 minutos

leer

Miércoles 8 de mayo de 2024

Ayer espontáneamente (creo que la noche anterior, de hecho) decidí (¿realmente lo decidí yo? hacer un ayuno prolongado.

No lo he compartido con nadie, porque siento que es algo que (sin saber por qué ) ha de formar parte de mi profundización.

El cuerpo tiene hambre, mi mente se alborota, mis emociones me asaltan con un tinte de acercarse un posible torbellino de mal humor o baja energía.

Pero creo que es bueno para mi cuerpo descansar un poco, resetearse.

Creo que es bueno para mi mente que suelte todo lo que tenga que soltar,s in importarme demasiado.

Creo que es bueno para mi corazón, dejarlo ser y acogerlo sin juicios.

Y creo que es bueno que este yo testigo y presente, tenga esta oportunidad para reforzarse, para reafirmarse. Para entender mejor que él no tiene que ver nada ni con el cuerpo, ni la mente, ni el corazón.

Espero ser lo suficiente tenaz, honesta, seria y humilde como para rendirme totalmente a esta situación y dejar que mi cuerpo regenere, mi mente se purifique y mi corazón suelte.

Y espero, después de todo, que mi centro se haga más denso, para estar en él más intensamente, sin abandonarlo. Que me atraiga a él y el mundo pierda su magnetismo, para polarizarse en mi centro.

He de permanecer en mi centro, en el presente, en el Yo soy, más tiempo. Más consciente. Cada vez más.

No hay otro camino.

No hay otro destino.

No hay otro propósito.

Y no es ni encontrar, ni conseguir, ni atrapar.

Es darse cuenta. Es realizar. Es amar.

Deja un comentario