Un punto.

1–2 minutos

leer

A las 21:53 8/5/24

Cada vez paso más tiempo volviendo a mí. Y cuando vuelvo a mí, hay paz, hay gratitud, hay amor,… y detrás ya no hay nada.

Hoy he sido consciente de que mi miedo o muro o puerta cerrada o velo o como se le quiera llamar, es a la nada.

Porque realmente la nada es el destino de todo y también el inicio.

Antes de que aparecer primero el yo, no era nada. Y cuando muera este yo, no seré nada. Surgí de la nada y regresaré a la nada.

¿Conozco la nada? No puede ser nada que conozca, ni experimente. Porque eso está necesariamente fuera de mí.

Sé que hay una conciencia en mí. Y que mi cuerpo es el responsable de generar los estados de conciencia e inconciencia y alternarlos (vigilia, sueño…)

Y esa consciencia soy yo.

Esa consciencia es el ahora.

Fuera del ahora sólo hay no consciencia, o más bien, una consciencia tapada por la mente y corazón.

Y esta consciencia es neutra, silenciosa, una presencia omniabarcante y atemporal. Que no es relativa a nada en particular.

He de quedarme todo el tiempo aquí y ahora, en el punto de consciencia. Un punto ante el que todo sucede, pero él no está implicado.

Todo lo que sucede, sucede ante sí.

Pero sigo percibiendo la dualidad de la consciencia, el testigo y el mundo. Me siento liberada bastante del mundo, del cuerpo, de todo deseo o miedo.

Pero no de la consciencia de ser «algo» que lo presencia todo. He de persistir y continuar. Siento que no he llegado al final.

Aunque sin duda llegaré.

Espero encontrar la muerte antes de que ella me encuentre a mí.

Deja un comentario