4 de junio de 2024
A veces viene un pensamiento «Qué bien estoy…» y me doy cuenta que es peligroso cuando a los puntos suspensivos le siguen cualquier motivo. Es una realización que expreso de forma recurrente.
¿Por qué deberíamos estar bien por algún motivo? Si estás bien por «algo», cuando no esté ese «algo», ¿estarás mal? Y esto lo podemos aplicar a cualquier otro sentimiento.
«Te amo porque…»
«Estoy en paz porque…»
En cambio, sus polos opuestos siempre deben su existencia a una causa ¡es curiosa tal realización!
El odio siempre es por un motivo.
El sufrimiento siempre es por un motivo.
¿Pero qué motivo? Encontraremos miles o un motivo. Pero siempre creemos que hay un motivo. Pero nunca es por ese motivo.
Todos son el mismo motivo siempre: la no aceptación de lo que es, fruto de creernos ser lo que no somos. La enemistad con el presente. La creencia de ser algo que no somos e identificarnos con lo irreal.
De ahí nacen el deseo y el miedo. La rueda empieza a girar entre polos, en medio de un campo de batalla dual donde un bando no puede existir sin el otro.
Así que podemos hallar miles de causas. Pero lo incausado lo sostiene todo.
Lo que no tiene causa, es libre.
Lo que no tiene causa, es real.
Lo que no tiene causa, es puro.
Lo que no tiene causa, siempre es.
Sin principio, ni final. Ni espacio, ni confines.
Dudo que la vida tenga una causa, un motivo.
Pero el mundo, por su naturaleza, nace de una causa y tiene un motivo.
Peo creo que sus causas y motivos no colmarían nuestra mente. Intuyo que el mundo es porque quiere crearse y contemplarse a sí mismo. E intuyo que su motivo es la evolución constante, incesante y eterna, hasta que deje de ser.
Creo que todas las respuestas están en mí.
Igual que se crea un pensamiento, se crea un universo entero. La única diferencia es la relatividad de las cosas. Unas parecen más rápidas que otras, pero en un infinito, nada tiene tiempo ni espacio.
Y está claro que la persona pertenece a este mundo, porque quiere perdurar, no quiere desaparecer, se pregunta qué hay después de la muerte.
Porque queremos permanecer.
Porque lo desconocido nos asusta.
Porque no entendemos la nada, el vacío, el silencio.
Deja un comentario