22 de junio de 2024
Cada vez posibles «decepciones» duran menos.
En cuanto son observadas y se les arroja conciencia, se disuelven más y más rápido.
Es como cuando te sientes infeliz y de repente aceptas esa supuesta infelicidad. En ese momento ya no puede hace otra cosa que desaparecer.
Por eso se dice que la oscuridad no existe como tal, y no sobrevive a la luz, puesto que simplemente es una ausencia de ella. Es una gradación de lo mismo.
Sólo hay luz.
Y así, cada vez que la vida, nuestra gran maestra, nos pone delante de nosotros algo que sucede y no es lo que esperábamos… ¡pam! ¡alerta!
Primero, ¿qué esperabas? Esperar, tener ideas preconcebidas o expectativas, es no ver con claridad.
Segundo, ¿acaso juzgas? Emitir juicios de valor, pensar en términos de bueno o malo, deseable o no deseable, es no ser libre.
Tercero, ¿sientes resistencia? ¿Resistencia a lo que es? No aceptar el momento presente tal como es, es una reacción patológica.
Es como es. Acepta. Luego actúa. Pero siempre desde la total aceptación. Resistirse es sufrir.
Y cuando ya no existe ni resistencia a lo que es, ni juicios estériles, ni deseos o expectativas; sólo entonces veo con claridad, soy realmente libre y dejo de sufrir.
Y ahora empiezo a entender que desde aquí, desde este estado de autoobservación surge el cuestionamiento sincero de «¿quién está observando? ¿quién es consciente?» Y la dualidad se hace evidente.
Lo observado y el observado son dos, y yo no soy lo observado. Eso está claro.
Aquí, lo que estoy viendo con claridad es que este «quien observa», que soy yo, debe dejar de ser la persona que tiene deseos, miedos, juicios y resistencias.
Esta persona debe desaparecer. Igual que desaparece en el sueño profundo, cuando incluso los sueños no existen.
Y cuando me lo planteo, cada vez lo tengo más claro.
Y cada vez percibo con más claridad qué significa cuando dicen que nada es real.
Todo lo que percibo, lo que experimento a través de la persona, ésta aplica mil filtros, convenciones, acuerdos, memorias… todo necesario para que la persona pueda existir en un mundo y pueda funciona en él.
Pero todo lo que conforma la persona es volátil, impermanente, dura tan solo un suspiro y se sostiene en el aire.
Por ello ni se han de suprimir los sueños, ni los deseos, ni los pensamientos, ni las emociones,… ni siquiera los miedos.
Porque todo ello es parte de la persona.
La raíz está en ella, en su existencia, lo que llamamos «ego».
Y es del «ego» de quien he de liberarme, dejar de identificarme con él. E ir más allá.
En realidad es sólo una forma de hablar, son sólo palabras, porque no he de ir a ninguna parte.
¿Si no soy el ego, ni la persona, quién soy?
Con mi mente sólo puedo alcanzar que Soy. Aquí y ahora.
Si existe el ser, el aquí y el ahora, también han de existir el no-ser, el ninguna parte y el eterno momento atemporal.
No ser. No espacio. No tiempo. Nada.
Entonces el se depende del no-ser, y el no-ser depende del ser. Sin ser, no existiría el concepto no-ser. Sin espacio, no existiría el concepto no-espacio. Sin tiempo, no existiría el concepto de no-tiempo.
¡Qué descubrimiento! Por lo tanto, si la nada depende de que pueda existir algo (porque si no pudiera existir algo, la nada tampoco existiría), ¿qué hay que no dependa de nada?
Es decir, ¿lo incondicional?
Porque lo que está claro es que aunque para que lo condicional exista, debe existir lo incondicional; lo incondicional por sí mismo no tiene condiciones, pero es condición indispensable para lo condicional.
Por eso lo incondicional está en todo lo condicional, lo incondicional contiene lo condicional, pero lo condicional no puede contener ni atrapar l incondicional.
Así que lo único que puedo saber y conocer con mi mente es lo condicionado, lo temporal, lo espacial. Y la nada.
Porque existe y lo sé, cuando no hay nada. Cuando duermo. Cuando estoy inconsciente. Cuando no hay yo. Pero sigo siendo.
Y lo que más se puede acerca a lo incondicional, ¿qué es?
El ahora (ni pasado ni futuro)
El aquí (ningún lugar en particular)
El yo soy (no soy el cuerpo-mente-corazón)
Sin más complementos ni condiciones. Sin más pensamientos, ni emociones ni cuerpo con los que identificarse.
Pero eso he de permanecer en ellos, todo el tiempo que pueda. Yo soy, aquí y ahora.
Y dejar al universo seguir su curso.
Y a mi persona que haga lo que deba hacer.
Y no ser un obstáculo para la vida, dejar que sea, honrarla, amarla, y ser una con ella.
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