22 de junio de 2024
Definitivamente me encuentro en el mejor de los escenarios para despertar y evolucionar.
El mejor de los rings. El mejor de los sueños. Tiene todo lo necesario para darse cuenta de lo irreal y lo innecesario.
Sólo hay que estar atenta.
Observarlo.
Abrazarlo.
Dejarlo ser.
Y soltarlo.
Esta es la naturaleza. Su grandeza y su sentido. Y la naturaleza lo contiene todo, todos los opuestos, y todos ellos tienen su espacio y lugar, su motivo, su fin.
Pero no uno en particular. Creer en destinos, misiones de vida, está cerca de lo absurdo.
Sólo hay que observar un poco. Y observarse a uno mismo.
Todo es como debe ser. Con lo cual todo es perfecto tal como es. Resultado de infinitas causas-efecto que nos remontarían al primer segundo de toda existencia.
Quien dice que todo es por algún motivo, no se equivoca. Quien sostiene que todo es porque sí, sin causa, tampoco se equivoca.
¿Para qué molestarse en buscar causas y culpables?
El caos sólo existe en la mente. El orden es el universo.
¿Qué sentido tiene creer en un destino?
¿Reafirmar una identidad que esclaviza?
¿Qué sentido tiene creer en el caos?
¿Reafirmar cualquier acción por ser sin-sentido?
Quizás no hay ni destino, ni caos. Pero la mente siempre busca un motivo para todo, lo cual es inseparable de la separación, de la idea de separación.
Un motivo y su resultado siempre parecen ser dos.
Pero quizás no existe tal cosa. Y todo surge espontáneamente. Como cuando respiro. O despierto. Eso es lo único que sé.
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