30 de junio de 2024
Me doy cuenta de que ya no tengo problemas. Eso no significa que todo salga según lo estipulado como «bueno», siguen apareciendo retos y dificultades, pero ya no los percibo como problemas.
Tampoco tengo días buenos ni días malos, simplemente los días ocurren tal como deben ocurrir.
Y yo lo observo, lo experimento, pero poco tiene que ver conmigo. Tienen su naturaleza, sus infinitas causas, son como son, y yo soy el ser afortunado que está aquí y ahora para darles vida. Y yo decido si les presto atención o no.
Aunque cada vez siento que es más sabio prestarle atención a mi conciencia, al presente Yo soy, que a nada de lo que ocurra fuera de «Yo soy», que aparece y desaparece, lo cual carece de mucha importancia.
En el presente todo está bien. Yo siempre estoy bien.
Aunque quizás es cuando el Yo ya no puede definirse como tal, cuando realmente todo está bien.
Cuando ya no hay un Yo a quien otorgarle ninguna experiencia.
Cuando no queda nadie ni nada, como sujeto, los objetos pierden su importancia.
Y aunque siguen existiendo, ya no queda nadie para preocuparse por ellos.
A esto que llaman espiritualidad, realmente no tiene nada de misticismo. Es simplemente hacerse consciente, darse cuenta de que todo el sufrimiento es autoinfligido, de que no hay nada separado y que no hay que hacer nada.
Espiritualidad es la relación inteligente, sabia, entre el ser y el mundo. Entre la vida y la mente. Entre el hacer y la quietud.
El mundo es. La espiritualidad es más allá de él. Pero no están separados.
No hace falta renegar de nada para lograr estados más cercanos al ser espiritual.
No hace falta renunciar, ni trabajar, ni esforzarse, ni decantarse, ni escoger.
Simplemente quedarse quieto en el centro, siempre presente, en tu casa, donde reina el amor y la paz. Y desde allí, puedes salir al mundo, y jugar con él.
Estar en el mundo, sin ser del mundo.
Cuando algo va mal, solo hace falta relajarse y aceptar completamente lo que es, desapegadamente, sabiendo que eso no eres tú.
Pero míralo con amor. Con agradecimiento. Hónralo. Porque si ocurre, es porque así debe ser.
No tiene sentido resistirse a lo que es. Y menos aún renunciar al amor y paz que siempre reside en nosotros.
Y que nunca, nunca nos abandona.
Deja un comentario