Fin.

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Mente y corazón. Los que me van a ayudar a liberarme de ellos.

La mente es una herramienta maravillosa, con ella construyo lo que quiero, ella me da soluciones, me brinda la oportunidad de ver y comprender.

Y el corazón es la música de mi vida, es quien me permite sentir y experimentar las diferentes notas y vibraciones.

Hasta aquí los he tendido a confundir, a intentar manipularlos, los he maltratado porque no les entendía y no lograba alcanzar su verdadera misión en esta existencia.

Son dos herramientas fabulosas, y al igual que el cuerpo, debo dejarles ser.

¿Por qué? Porque he de de respetar su naturaleza.

¿Quién soy yo para intentarlos cambiar, suprimir o quererlos dominar bajo mi ignorancia?

Ellos son aliados. Son compañeros de viaje en esta vida y son parte del mundo que observo.

Pero no son yo, ni tienen ningún poder sobre mí.

Ni suprimir el corazón para racionalizar, ni seguir al corazón a pesar de la razón.

Dejar ser y aceptar los pensamientos sin reprimirlos ni apegarme a ellos.

Dejar ser y aceptar las emociones sin reprimirlas ni apegarme a ellas.

¡Pero ojo! Cuando hablen, préstales atención, relájate y vívelos. Experiméntalos. Y suéltalos. Déjalos ir.

Que sigan su curso, independientes a ti.

Y obsérvalos, agradecida, porque siempre traen un regalo debajo del brazo.

El regalo de liberar cualquier resquicio de olvido, de separación, de miedo.

El regalo de ver deseos que todavía existen y habitan en mí.

Cada pensamiento y emoción, obsérvalos y déjalos ser.

Como cada manifestación, cada situación, cada momento.

Porque todo es como es, independiente de mí, ni destino ni misión, es porque así debe ser.

Y no hay nada más sagrado que esto.

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